Divagativa

Y la verdad es mentira.

Podría acostumbrarme a tu presencia inquieta y salvaje. Podría ver abrir tus ojos cada día, si quisieras. Podría asumir el riesgo del abismo que me has enseñado. Podría recoger los restos del último naufragio. Podría hacer abono con ellos. Podría amarte sin reservas ni permisos. Podría amarte sin lavarme la cara. Podría amarte con mi descaro. Podría amar tu pasado, tu rastro, el tiempo perdido.  Y tú podrías volarme el corazón, romperme los sesos y amar mi botón descosido mientras dure el infinito. Tú también podrías ser fugaz, pero yo, de ti, haría algo eterno porque tengo ganas de arrasar con el desastre y dejarme interrogar. Porque te miro como si te viera. Porque no puedo obviar la realidad y hacerla siempre tanto a mi manera.

Me quedaré despierta hasta que sueñes alegría.

Y yo, que nunca tuve cosidas las alas, las siento ahora tan desplegadas que soy capaz de poner rumbo a la victoria aun cuando se encienda la discordia y las notas disonantes griten más fuerte, que lo harán, porque tú, además de ser tú, eres el reflejo de un anhelo que no encuentra correspondencia en el mundo sensible. Me pasa como a la metafísica, empeñada en alcanzar lo que, por su naturaleza, se le escapa. Eres una ilusión trascendental, la mía. Eres la antinomia de la razón, de la mía. Y por eso voy a por ti, porque eres mentira. Si fueras de verdad, yo no te creería.

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